El primer auto que anduvo por Uruguay todavía existe y se puede ir a ver. Llegó en octubre de 1900, es un Delin fabricado en Bélgica. Hoy está en el Museo del Automóvil, en Montevideo.
Lo interesante no es la fecha. El primer auto de Uruguay llegó a una ciudad donde nadie pensaba todavía que manejar fuera algo que había que aprender.
Índice de contenido:
¿Cuál fue el primer auto que llegó a Uruguay?
Un Delin, fabricado en 1899 en Lovaina, Bélgica. Desembarcó en Montevideo en octubre de 1900 y lo trajeron Alejo Rossell y Rius y Dolores Pereira. Eran un matrimonio del Novecientos montevideano conocido por su obra filantrópica.
Tenía un motor Bucher de un solo cilindro. Para dimensionarlo: cualquier moto de baja cilindrada que circula hoy por Montevideo tiene más prestaciones que aquel vehículo. Además, se manejaba sin nada de lo que hoy damos por sentado.

«Cuatriciclo a petróleo»: cuando ni siquiera había palabra
La crónica de la época lo describió como un cuatriciclo a petróleo. Vale detenerse en eso: no existía todavía una palabra corriente en español para nombrar lo que estaba entrando al puerto. El idioma iba atrás del objeto, y hubo que describirlo por partes, contando las ruedas y el combustible.
Esa dificultad para nombrarlo cuenta algo que las fechas no cuentan. Nadie sabía qué era eso ni qué iba a significar para la ciudad.
Uno de tres en el mundo
De aquella producción de Delin sobreviven tres unidades en todo el planeta. Una está en Irlanda, otra en el Reino Unido y la tercera es la nuestra. No es una réplica ni un modelo similar: es el mismo vehículo que rodó por Montevideo en 1900.
Está en el Museo del Automóvil, que depende del Automóvil Club del Uruguay. Para quien esté aprendiendo a manejar, es una visita que ordena la perspectiva. Todo el sistema de reglas, señales y exámenes que hoy parece natural se construyó después de ese auto. Y en buena medida por culpa de autos como ese.
¿Qué pasó después? De uno a setecientos en doce años
El crecimiento fue rápido para la época y explica por qué la ciudad tuvo que empezar a ordenarse.
- 1900: llega el primer auto al país.
- 1906: ya hay 109 automóviles circulando.
- 1912: el número trepa a 704.
Por qué esos números importan más de lo que parecen
Setecientos autos suena a poco visto desde hoy. Pero hay que imaginarlos en una ciudad construida para carruajes. Calles angostas, sin semáforos, sin sendas peatonales, sin carriles pintados y sin ninguna regla escrita sobre quién pasa primero.
El problema no era la cantidad de autos. Era que no había un sistema para que convivieran entre sí y con todo lo demás. Peatones, carros a caballo, tranvías. Cada conductor resolvía por su cuenta, y esa fue exactamente la condición que obligó a inventar las reglas de tránsito.
¿Cuándo apareció la idea de que había que aprender a manejar?
Acá está la parte que casi nunca se cuenta. Para una academia de choferes es la más interesante de toda la historia.
El primer permiso de conducir del mundo
Se emitió el 1 de agosto de 1888, en Alemania, a nombre de Carl Benz. Lo firmó Friedrich Wilhelm Ludwig, gran duque de Baden, y era un documento manuscrito con aspecto de salvoconducto.
Benz había presentado su Patent-Motorwagen en 1886. Dos años después, los vecinos de Mannheim estaban hartos. El aparato largaba ruido y humo cada vez que él y Bertha Benz salían a dar vueltas por la ciudad.
Un permiso que no certificaba saber manejar
Y acá viene el detalle que ordena todo lo demás. Ese primer permiso no se otorgó después de ningún examen. Nadie evaluó si Benz sabía conducir, ni si conocía alguna regla, porque no había reglas ni había con qué compararlo.
Era una autorización administrativa para que lo dejaran circular. El primer permiso de conducir de la historia certificaba que tenías permiso para molestar, no que supieras manejar.
El orden en que llegaron las cosas
Puesto en fila, el orden es revelador. Primero apareció la máquina. Después, el permiso para usarla. Bastante más tarde, la idea de que hacía falta demostrar algo para obtener ese permiso. Y al final de todo, la enseñanza.
Las reglas de tránsito, las señales, los exámenes y las escuelas de manejo no se diseñaron de antemano. Se fueron construyendo a medida que los autos generaban problemas que nadie había previsto. Cada norma que hoy parece obvia responde a algo que salió mal alguna vez.
¿Qué queda de todo eso hoy?
Queda más de lo que parece, y no solo en el museo.
La máquina cambió menos de lo que parece
Un auto de 2026 y aquel Delin comparten lo esencial: cuatro ruedas, un motor, una dirección y frenos. Todo lo demás mejoró muchísimo, pero el principio es el mismo.
Lo que cambió de verdad es la densidad. Manejar en 1906, entre 109 autos en toda la ciudad, era un problema mecánico: saber hacer andar la máquina. Manejar hoy es un problema de convivencia, y por eso la enseñanza también tuvo que cambiar. Con 109 autos alcanzaba un instructivo. Con la ciudad de hoy hace falta criterio propio, que es lo que trabajamos en las clases de manejo.
De la máquina rara al auto eléctrico
Hay una simetría interesante. En 1900 la prensa no tenía palabra para nombrar el objeto que llegaba. Hoy volvemos a estar en un momento de transición. El auto eléctrico cambia cómo se acelera, cómo se frena y hasta cómo suena la calle. Es menos dramático que en 1900, pero es el mismo tipo de aprendizaje.
Algo parecido pasa con la caja automática, que dejó de ser una rareza. Hoy define incluso en qué tipo de vehículo conviene rendir el examen.
¿Dónde se ve esa historia manejando por Montevideo?
La ciudad que recibió aquel Delin sigue ahí abajo, y se nota al volante.
Ciudad Vieja: las calles que existían antes que el auto
El trazado de Ciudad Vieja es anterior al automóvil por más de un siglo. Calles angostas pensadas para carretas, esquinas sin visibilidad porque los edificios llegan a la línea municipal. Y un sentido de circulación que se resolvió después, a la fuerza. Manejar ahí es manejar por una ciudad que tuvo que adaptarse a un invento para el que no estaba preparada.
El Centro y el Cordón: el damero que se volvió de una mano
El Centro y el Cordón se trazaron en el siglo XIX para carruajes. Cuando los autos empezaron a multiplicarse, la solución fue dejar casi todas las calles de una sola mano. El sentido alterna cuadra por cuadra. Esa decisión, invisible para el que camina, es lo primero que un conductor nuevo aprende a los golpes.
La rambla y las avenidas: lo que se construyó ya con el auto en mente
El contraste aparece al salir hacia la costa. La rambla y las avenidas anchas de Pocitos, Buceo y Carrasco se pensaron con el auto ya en el paisaje. Se manejan distinto porque fueron diseñadas para eso. Esa diferencia entre ciudad vieja y ciudad del automóvil se cruza varias veces en cualquier clase por los barrios.
Del cuatriciclo a petróleo al auto que se maneja solo
En 1900 los diarios no tenían palabra para lo que había llegado y lo resolvieron como pudieron: cuatriciclo a petróleo. Hoy estamos otra vez en esa situación. Al vehículo capaz de conducir sin que nadie toque el volante todavía no sabemos cómo nombrarlo. Auto autónomo suena a laboratorio. Auto que se maneja solo es como lo dice la gente, y probablemente gane.

Mientras el nombre se define, la tecnología va llegando por partes. El auto actual ya frena por su cuenta ante un obstáculo, sostiene el carril y ayuda a estacionar. También avisa cuando hay algo en el punto ciego. Cada una de esas asistencias era impensable hace veinte años. Hoy vienen de serie en modelos comunes.
La electrificación completa la vuelta. En los primeros años del automóvil, los eléctricos competían de igual a igual con los de nafta. La nafta terminó imponiéndose por autonomía y por precio. Ciento veinte años después la pulseada se reabrió con el resultado invertido. Si tu próximo auto va por ese camino, atención. La libreta queda atada al tipo de caja en la que rendís el examen. Hay clases en automático y una guía para aprender a manejar un auto eléctrico.
¿Y cuando el auto se maneje solo del todo? Quedará por ver qué evalúa el examen ese día. Mientras tanto, y por bastante tiempo, la última decisión la sigue tomando la persona que va al volante. Eso es exactamente lo que se aprende.
Preguntas frecuentes sobre el primer auto en Uruguay
Algunas preguntas quedan picando después de la visita al museo. Las juntamos acá.
¿Cuándo llegó el primer automóvil a Uruguay?
El primer automóvil llegó a Uruguay en octubre de 1900. Era un Delin fabricado el año anterior en Lovaina, Bélgica, con un motor Bucher de un solo cilindro. Lo trajeron Alejo Rossell y Rius y Dolores Pereira, un matrimonio montevideano del Novecientos conocido por su obra filantrópica. La crónica de la época no lo llamó automóvil, porque esa palabra todavía no era de uso corriente en español. Lo describió como un cuatriciclo a petróleo, contando las ruedas y el combustible. Así explicaba qué era ese objeto recién entrado al puerto.
¿Dónde se puede ver el primer auto de Uruguay?
El primer auto de Uruguay se puede ver en el Museo del Automóvil, en Montevideo, que depende del Automóvil Club. No es una réplica ni un modelo parecido: es el mismo vehículo que circuló en 1900. Vale saber además que de aquella producción de Delin sobreviven solo tres unidades en todo el mundo. Las otras dos están en Irlanda y en el Reino Unido. Para alguien que está aprendiendo a manejar es una visita que ordena la perspectiva. Todo el sistema de reglas y exámenes que hoy parece natural se construyó después de ese auto.
¿Cuántos autos había en Uruguay a principios del siglo XX?
Los autos en Uruguay se multiplicaron rápido a principios del siglo XX. En 1906, seis años después de la llegada del primero, ya circulaban 109 automóviles. En 1912 el número había trepado a 704. Suena a poco visto desde hoy, pero conviene imaginarlos en una ciudad construida para carruajes. Calles angostas, sin semáforos, sin sendas peatonales, sin carriles pintados y sin ninguna regla escrita sobre quién pasa primero. El problema nunca fue la cantidad de autos. Era que no existía un sistema para que convivieran con los peatones, los carros a caballo y los tranvías.
¿Cuál fue la primera licencia de conducir de la historia?
La primera licencia de la historia se emitió el 1 de agosto de 1888 en Alemania. Fue a nombre de Carl Benz. La firmó el gran duque de Baden. Era un documento manuscrito con aspecto de salvoconducto. El detalle que más sorprende es que no se otorgó tras ningún examen. Nadie evaluó si Benz sabía conducir, entre otras cosas porque no había reglas con las cuales evaluarlo. Fue una autorización administrativa para que lo dejaran circular. Llegó después de que los vecinos de Mannheim se quejaran del ruido y el humo del Patent-Motorwagen.
¿Por qué se tardó tanto en exigir un examen para manejar?
El examen tardó porque las reglas de tránsito no se diseñaron de antemano. Se fueron construyendo a medida que los autos generaban problemas que nadie había previsto. El orden histórico es revelador. Primero la máquina, después el permiso para usarla. Bastante más tarde la idea de que había que demostrar algo para obtener ese permiso. Y al final de todo, la enseñanza formal. Cada norma que hoy parece obvia responde a algo que en algún momento salió mal y hubo que corregir.
¿Qué cambió entre manejar en 1906 y manejar hoy?
Entre 1906 y hoy cambió menos de lo que uno imagina en la máquina, y muchísimo en el entorno. Un auto actual y aquel Delin comparten lo esencial: cuatro ruedas, un motor, dirección y frenos. Lo que cambió de verdad es la densidad. Manejar entre 109 autos en toda la ciudad era un problema mecánico, saber hacer andar el aparato. Manejar hoy es un problema de convivencia, con peatones, ciclistas, motos y ómnibus compartiendo el mismo espacio. Por eso la enseñanza también tuvo que cambiar: con 109 autos alcanzaba un instructivo, hoy hace falta criterio propio.
¿El auto eléctrico es un cambio tan grande como lo fue el primer auto?
El auto eléctrico no es un cambio de la magnitud del primer auto, pero sí del mismo tipo. En 1900 la prensa ni siquiera tenía una palabra para nombrar lo que llegaba. Hoy estamos en otro momento de transición. El auto eléctrico cambia cómo se acelera, cómo se frena y hasta cómo suena la calle. Un vehículo silencioso modifica la forma en que el peatón lo percibe. Es menos dramático que hace 125 años y exige el mismo tipo de aprendizaje. Entender una máquina que se comporta distinto a la que uno conocía.
¿Sirve conocer esta historia para aprender a manejar?
Conocer esta historia sirve para entender por qué existen las reglas, que es distinto a memorizarlas. Cada norma nació de un problema concreto. Saberlo cambia cómo las leés: dejan de ser una lista arbitraria para aprobar un examen. La senda peatonal, la prioridad en las esquinas, la distancia de seguimiento, los límites de velocidad. Todas son respuestas a situaciones que costaron caro alguna vez. Esa comprensión es la que sostiene el criterio cuando aparece una situación que ninguna regla previó. Y esas son las que más aparecen manejando.
Si te quedó alguna duda, sobre esta historia o sobre cómo arrancar a manejar, escribinos y lo charlamos.
Para seguir leyendo
Si te interesa cómo se fue armando el sistema que hoy damos por sentado, dos temas siguen esta línea. Las señales de tránsito y de dónde salió cada una. Y la libreta por puntos, una de las respuestas más recientes al mismo problema de fondo.
Para ver el Delin en persona, el Automóvil Club del Uruguay es la institución que sostiene el Museo del Automóvil.
De aquel cuatriciclo a tu primera clase
Pasaron 125 años desde que un solo auto rodaba por Montevideo. Lo que no cambió es que manejar sigue siendo algo que se aprende. Y que se aprende mejor con alguien al lado que te explique el porqué de cada maniobra. Si estás por empezar, mirá cómo trabajamos en las clases de manejo. Si hace años que tenés libreta y perdiste práctica, las clases de actualización retoman desde donde estés.
