La amaxofobia es el miedo irracional a manejar. El nombre viene del griego: amaxa (carro) y phobos (miedo). Aunque suena a término raro, es un problema que afecta a más personas de las que te imaginás. Según un estudio de la Fundación CEA de España, el 28% de los conductores experimenta algún grado de ansiedad al volante. De ese grupo, el 55% son mujeres y el 45% son hombres, y la franja etaria más afectada es la de 40 a 59 años.
Si estás leyendo esto, probablemente ya sabés de qué se trata. Tal vez te pasa a vos, o a alguien cercano. Lo que queremos que sepas desde el arranque es que tiene solución, y que en Academia del Molino llevamos más de 30 años trabajando con personas que llegan con este problema y terminan manejando con confianza.
Animate a dar el primer paso. Podés agendar una entrevista sin compromiso llamando o escribiendo por WhatsApp.
Qué dice la ciencia sobre la amaxofobia
La amaxofobia no tiene un código propio en los manuales de diagnóstico, pero se clasifica dentro de las fobias específicas de tipo situacional. En el DSM-5-TR (el manual de la Asociación Americana de Psiquiatría) aparece bajo el código 300.29. En la CIE-11 de la Organización Mundial de la Salud corresponde al código 6B03, dentro de los trastornos de ansiedad y relacionados con el miedo.
Para que se considere una fobia clínica, el miedo tiene que cumplir ciertos criterios: ser desproporcionado respecto al peligro real, provocar ansiedad inmediata ante la situación de manejo, generar conductas de evitación activa, persistir por al menos 6 meses y producir un deterioro significativo en la vida de la persona.
Esto no significa que necesites un diagnóstico formal para buscar ayuda. Muchas personas que vienen a la academia no cumplen todos los criterios clínicos, pero el miedo les impide manejar con normalidad. Eso ya es suficiente razón para trabajarlo.
Causas de la amaxofobia
Conocer de dónde viene el miedo es el primer paso para poder enfrentarlo. En nuestra experiencia con alumnos, las causas se repiten con bastante frecuencia. El estudio de la Fundación CEA las cuantificó así: el 24% de los casos se origina en accidentes previos, el 19% en malas experiencias con otros conductores y el 18% en falta de práctica prolongada.

Haber vivido o presenciado un siniestro de tránsito
Es la causa más frecuente. Personas que estuvieron en un choque, que vieron uno de cerca, o que perdieron a alguien en un siniestro, pueden desarrollar un miedo intenso a volver a manejar. Un meta-análisis publicado en PubMed Central en 2024 encontró que alrededor del 20% de los sobrevivientes de accidentes de tránsito desarrolla trastorno de estrés postraumático (TEPT), y una parte significativa de esos casos se manifiesta como miedo a volver al volante.
Francisco Bonet, director médico del Real Automóvil Club de Cataluña, lo describe como personas que «han sufrido un accidente en primera persona, el de algún allegado o han quedado traumatizados tras haber presenciado uno» y que debido al trauma no logran retomar el control del vehículo.
Malas experiencias durante el aprendizaje
Familiares o amigos que se ofrecen a enseñar a manejar, con la mejor intención, a veces generan el efecto contrario. Comentarios como «¡cuidado!», gestos de pánico, agarrar el volante de golpe o criticar cada maniobra van minando la autoestima del aprendiz. La persona termina convencida de que no sirve para manejar, y esa creencia se enquista.
Esto es algo que vemos seguido en la academia. Alumnos que llegan diciendo «yo no puedo» y después de unas clases con un instructor profesional, que sabe cuándo corregir y cuándo soltar, descubren que sí pueden.
Falta de práctica prolongada
No hay un tiempo fijo. Para una persona pueden ser 3 meses sin manejar, para otra 5 años. Lo que pasa es que al intentar retomar, la inseguridad es tan grande que se produce una reacción de pánico. La persona siente que perdió todas las habilidades y se convence de que ya no puede. Esta causa tiene una solución bastante directa con práctica gradual y acompañada. Si te pasa esto, te recomendamos ver nuestras clases de reciclaje y actualización.
Ansiedad generalizada u otras fobias previas
Una persona que ya sufre de ansiedad en otros ámbitos de su vida tiene mayor probabilidad de desarrollar miedo al volante. Fobias como la agorafobia (miedo a espacios abiertos), la claustrofobia (miedo a espacios cerrados) o la enoclofobia (miedo a las multitudes) pueden trasladarse al contexto de la conducción. La OMS estima que los trastornos de ansiedad afectan a 301 millones de personas en el mundo.
Autoexigencia y perfeccionismo
Hay personas que no se permiten cometer errores. Sienten que tienen que manejar perfecto desde el primer día, y cuando inevitablemente algo no sale bien (un estacionamiento torcido, un frenazo brusco, un bocinazo de otro conductor) lo viven como una confirmación de que no están hechas para esto. El miedo no es tanto al tránsito como al propio juicio.
Síntomas: cómo se siente la amaxofobia
La amaxofobia se manifiesta tanto en el cuerpo como en la cabeza. Muchas personas no saben que lo que les pasa tiene nombre, y creen que simplemente «no sirven para manejar». Reconocer los síntomas ayuda a entender que se trata de una reacción de ansiedad, no de una limitación personal.
Síntomas físicos
El cuerpo reacciona como si estuviera en peligro real. Las manifestaciones más comunes son taquicardia (el corazón se acelera), sudoración excesiva en las manos, temblores, náuseas, mareos, tensión muscular (sobre todo en cuello, hombros y manos agarrotadas al volante), dificultad para respirar y sensación de opresión en el pecho. Algunas personas reportan visión borrosa o sensación de irrealidad.
Síntomas psicológicos
La mente entra en un ciclo de pensamientos catastróficos: «voy a chocar», «voy a lastimar a alguien», «me voy a quedar paralizado en el medio de la ruta». Aparece la hipervigilancia (estar pendiente de todo al punto de no poder concentrarse en nada), la anticipación negativa (sentir ansiedad días antes de una situación que implique manejar) y la evitación, que es el síntoma más limitante. La persona empieza a buscar excusas para no manejar, pide que la lleven, cambia de planes, rechaza trabajos que requieran auto.
Un estudio de Ehlers, Hofmann, Herda y Roth publicado en el Journal of Anxiety Disorders en 1994 encontró que el 81% de las personas con fobia a conducir reportó haber tenido ataques de pánico al volante, aunque solo el 14% cumplía los criterios completos de trastorno de pánico. Esto confirma que la amaxofobia tiene sus propias características y no se reduce a otras condiciones.
Dos formas en que aparece el miedo a manejar
Hay una forma instantánea y una progresiva. La instantánea es menos frecuente y suele estar asociada a un evento concreto: un siniestro grave, un ataque de pánico al volante, o un largo período sin manejar que al retomarse produce un shock.
La forma progresiva es más sigilosa. Empieza por evitar manejar en la ciudad. Después se suma no querer tomar determinadas rutas. Luego aparecen los horarios prohibidos («de noche no manejo»). Y cuando te querés dar cuenta, el auto queda estacionado todo el día y solo te subís como acompañante.
Esta segunda forma es más difícil de detectar porque la persona va cediendo de a poco, y cada restricción nueva se siente «razonable» en el momento. Si te identificás con este patrón, vale la pena actuar antes de que la restricción sea total.
Amaxofobia y siniestralidad en Uruguay
Cuando hablamos de miedo a manejar en Uruguay, los números de siniestralidad vial dan contexto a por qué tantas personas lo padecen. Según el informe 2024 de UNASEV (Unidad Nacional de Seguridad Vial), el año pasado se registraron 21.597 siniestros de tránsito en el país, con 27.300 personas lesionadas. Eso equivale a 75 personas heridas por día. De ellas, 3.840 resultaron con lesiones graves y 434 murieron.
La tasa de mortalidad se mantiene en 12,1 por cada 100.000 habitantes desde 2019. Los jóvenes de 15 a 24 años concentran el 55,5% de todos los lesionados.
Si aplicamos la tasa de TEPT post-accidente del 20% que documentan los meta-análisis internacionales a las 27.300 personas lesionadas al año en Uruguay, podemos estimar que cerca de 5.400 personas por año podrían desarrollar síntomas de estrés postraumático vinculados al tránsito. Una proporción de ellas va a manifestar miedo a conducir. Es una estimación, no un dato oficial, pero da una idea de la magnitud del problema en nuestro país.
UNASEV publicó en 2025 su «Guía de Orientación y Recursos para las personas afectadas por siniestros de tránsito», coordinada por el psicólogo Daniel Ventura, con orientación psicológica y recursos del Banco de Seguros del Estado. Lo que nosotros ofrecemos desde la academia es el complemento práctico: una vez que la persona trabaja el componente emocional, necesita un espacio seguro para volver a ponerse frente al volante. Ahí es donde entramos.
Situaciones que generan más miedo
El estudio de la Fundación CEA identificó que las situaciones más temidas por las personas con ansiedad al conducir son las autopistas y autovías (35% de los casos), la conducción urbana con tránsito denso (14%) y las rutas desconocidas (14%). En nuestra experiencia con alumnos en Montevideo, estas son las que más se repiten:
Puentes
El miedo a la altura y la sensación de vacío a los costados generan una inseguridad intensa. Es un miedo que se trabaja con rutas que incluyan puentes de distinta envergadura, empezando por los más cortos.
Curvas cerradas y peraltadas
La velocidad sumada a la pérdida momentánea de visibilidad genera una reacción de pánico. La persona siente que no va a poder mantener el carril. Con técnica (soltar el acelerador antes de la curva, no frenar dentro de ella, mirar hacia donde se quiere ir) esto se supera con bastante práctica.
Túneles
La entrada a un túnel produce un cambio brusco de luminosidad y una sensación de encierro. Para personas con tendencia claustrofóbica, esta combinación puede ser paralizante. Se trabaja con exposición gradual.
Vías con muro de separación
El miedo a rozar los límites laterales, sobre todo a velocidad, genera una tensión constante en brazos y manos. La clave acá es aprender a mirar lejos (no al muro) y confiar en que el auto va hacia donde mirás.
Incorporaciones a vías rápidas
Entrar a una vía rápida requiere acelerar y fusionarse con el tránsito en pocos segundos. Para alguien con ansiedad, esa presión temporal es de lo más difícil. Con práctica y pautas concretas (cuándo acelerar, cómo usar los espejos, cómo señalizar) se convierte en algo manejable.
Tránsito por vías rápidas de varios carriles
El miedo a perder el control del vehículo a velocidades altas, combinado con la proximidad de otros autos, puede resultar abrumador. Se trabaja empezando por horarios de poco tránsito e ir sumando complejidad.
Bajadas pronunciadas
La velocidad, la pendiente y la sensación de que el auto «se va solo» generan inseguridad. Aprender a usar el freno motor y no depender solo del pedal de freno es lo que da tranquilidad en estas situaciones.
Estacionamiento
Puede parecer menor, pero para muchas personas la presión de maniobrar con otros esperando atrás es enorme. Tenemos clases específicas de estacionamiento pensadas para espacios reducidos: edificios con garajes chicos, estacionamientos apretados. Se trabaja con un instructor especializado hasta que la maniobra sale natural.
Cómo se impacta la vida diaria
El miedo a manejar limita cosas que parecen simples: ir al trabajo, llevar a los hijos al colegio, hacer las compras, visitar a la familia. La persona pierde independencia y empieza a depender de otros para trasladarse. Eso genera frustración, culpa («debería poder hacerlo») y en muchos casos aislamiento social. Los planes se cancelan, las oportunidades laborales se rechazan y la vida se achica.
El 57% de las personas que sufren ansiedad al conducir nunca busca ayuda profesional, según el estudio de la Fundación CEA. Mucha gente convive con el problema durante años sin saber que tiene tratamiento. Si ese es tu caso, no tiene por qué seguir siendo así.

Cómo trabajamos la amaxofobia en Academia del Molino
Somos una academia de conducir, no un centro de psicología. Eso lo tenemos claro. Pero lo que sí podemos ofrecer es algo que ningún psicólogo puede dar por sí solo: la experiencia real de manejar un auto en la calle, en un contexto controlado y seguro. Cuando un profesional de salud mental trabaja la ansiedad con su paciente, el paso siguiente es enfrentar la situación. Ahí es donde la academia se vuelve complemento del tratamiento.
En nuestra experiencia, el trabajo con alumnos que tienen miedo a manejar sigue un proceso natural:
Primero, una conversación. Antes de subirse al auto, hablamos. Queremos saber qué te pasa, cuándo empezó, qué situaciones te generan más miedo, si tuviste alguna experiencia traumática. No para diagnosticar (eso le corresponde a un profesional de salud) sino para que el instructor sepa cómo acompañarte.
Después, el auto de doble mando. Esto no es negociable cuando hay miedo de por medio. Saber que el instructor puede frenar en cualquier momento cambia todo. La persona puede soltar un poco el control sin que haya riesgo real. Empezamos por calles tranquilas, con poco tránsito, y cada clase sumamos algo nuevo.
Por último, la autonomía progresiva. A medida que el alumno gana confianza, el instructor va soltando. Menos indicaciones, menos intervenciones, hasta que la persona maneja sola con el instructor simplemente al lado. El día que un alumno dice «hoy vine manejando hasta acá» es el día que sabemos que funcionó.
Nuestros instructores están entrenados para este tipo de trabajo. Saben que con un alumno ansioso no se puede gritar, no se puede apurar, no se pueden hacer comentarios que derrumben la confianza. Se trabaja con un lenguaje firme pero tranquilo, corrigiendo sin juzgar. Eso hace la diferencia entre una experiencia que cura y una que empeora el problema.
Si te interesa saber más sobre nuestras clases, podés ver las opciones de clases de manejo o nuestro programa de clases con auto automático, que muchas personas con amaxofobia prefieren porque eliminan la complejidad del embrague y los cambios.
Tratamientos que funcionan
La amaxofobia severa se trata y, cuando se trata bien, la tasa de éxito ronda el 80%. Estos son los abordajes con mayor respaldo científico:
Terapia Cognitivo-Conductual (TCC)
Es el tratamiento con más evidencia para las fobias específicas. Trabaja sobre los pensamientos distorsionados («voy a chocar seguro») y sobre los comportamientos de evitación. Un meta-análisis de Wolitzky-Taylor y colegas, publicado en Clinical Psychology Review en 2008, analizó 33 ensayos controlados y encontró que los tratamientos basados en exposición producen tamaños de efecto grandes (d = 1,05) comparados con no recibir tratamiento. En 2021, Fischer y colegas publicaron el primer ensayo controlado aleatorizado de TCC específicamente para miedo a conducir, en la revista Transportation Research Part F.
Exposición gradual (in vivo)
La exposición gradual consiste en enfrentar la situación temida de a poco, en un orden creciente de dificultad. Es lo que hacemos en la academia: el alumno empieza en calles tranquilas, con un instructor al lado que tiene un segundo juego de pedales. Después va sumando complejidad: calles con más tránsito, rotondas, incorporaciones, ruta. Cada paso se da cuando la persona se siente lista para darlo.
Nuestros vehículos de doble mando son la herramienta que permite que esto funcione. Si en algún momento el alumno se bloquea, el instructor puede intervenir con el freno y el embrague sin que pase nada. Esa red de seguridad es lo que permite animarse a dar el siguiente paso.
EMDR
El EMDR (Desensibilización y Reprocesamiento por Movimientos Oculares) se usa especialmente cuando la amaxofobia tiene origen en un trauma. Ayuda a procesar el recuerdo traumático para que deje de activar la respuesta de miedo. Es un tratamiento que hace un psicólogo especializado.
Realidad virtual
Un estudio de Kaussner y colegas publicado en la revista PLOS ONE en 2020 encontró que el 100% de los pacientes tratados con terapia de exposición por realidad virtual logró realizar tareas de conducción que antes evitaba, y el 71% mostró una conducción adecuada según la evaluación de un instructor. Todavía no es un recurso ampliamente disponible en Uruguay, pero es una línea que avanza.
Apoyo farmacológico
En algunos casos, un psiquiatra puede indicar medicación para manejar la ansiedad mientras se trabaja con terapia. Los fármacos por sí solos no eliminan la fobia, pero pueden ayudar a bajar la intensidad de los síntomas para que la persona pueda empezar el proceso de exposición.
Animate a manejar
¿Sentiste alguna vez ansiedad, angustia, sudoración o taquicardia antes o durante el manejo? Si la respuesta es sí, no estás solo. Según los datos disponibles, entre un 4% y un 28% de los conductores experimenta algún grado de este problema, dependiendo de cómo se mida (el 4% corresponde a los casos severos y el 28% incluye ansiedad moderada).
Lo que sabemos por la experiencia con nuestros alumnos es que la gran mayoría de las personas que empiezan el proceso lo completan. Llegan con miedo y se van manejando. No es magia: es un trabajo gradual, con paciencia, con un profesional al lado y con un vehículo preparado para que nada pueda salir mal.

Si la amaxofobia viene acompañada de otros problemas de ansiedad o de un trauma reciente, nuestra recomendación es combinar el trabajo en la academia con acompañamiento de un psicólogo. El psicólogo te ayuda a entender y gestionar lo que sentís; nosotros te damos el espacio para volver a enfrentar el volante. Las dos cosas juntas funcionan mejor que cada una por separado.
Evitar la tensión después de un accidente
Para las personas que vienen después de un siniestro de tránsito, el trabajo es distinto. No se trata solo de técnica de manejo sino de reconstruir una relación con el auto que quedó rota. Las cifras de UNASEV lo ponen en perspectiva: 75 personas se lesionan por día en el tránsito uruguayo. Muchas de ellas van a querer volver a manejar pero no van a poder si no trabajan el componente emocional.

En estos casos, el instructor trabaja con especial cuidado en los tiempos. No se fuerza nada. Si la persona necesita tres clases solo para sentirse cómoda sentada en el asiento del conductor con el motor encendido, se toman tres clases para eso. El avance lo marca el alumno, no el programa.
Asistir los miedos del alumno principiante
No todo miedo al volante es amaxofobia. Hay personas que llegan a la academia y cuando les preguntás si manejaron alguna vez responden «nunca». Su miedo no viene de un trauma sino de lo desconocido. Y eso es completamente normal.

Con estos alumnos se trabaja directo en el auto, después de explicaciones básicas sobre el funcionamiento del vehículo y las reglas de tránsito. El instructor prioriza las dificultades en orden creciente: si la primera experiencia es un cruce de dos avenidas un viernes a las 5 de la tarde, la autoestima del alumno se va a destruir. En cambio, si la primera clase es en una calle tranquila un martes a las 10 de la mañana, la persona se va con la sensación de que puede. Y desde ahí se construye.
Muchos de nuestros alumnos tuvieron malas experiencias previas aprendiendo con familiares o amigos. Eso no quiere decir que tengan amaxofobia. Son miedos que con técnica y un instructor paciente se trabajan sin problema. Con el tiempo, los propios alumnos terminan riéndose de sus temores iniciales. Podés consultar también nuestras clases de manejo regulares o las clases para mayores de 75 años, que tienen su propia dinámica.
Preguntas comunes sobre amaxofobia
Si llegaste hasta acá, probablemente tengas preguntas concretas. Armamos esta sección con las dudas más frecuentes que recibimos de alumnos y de personas que nos escriben por WhatsApp antes de animarse a dar el primer paso.
¿Qué es la amaxofobia?
La amaxofobia es el miedo irracional e intenso a manejar vehículos. Su nombre proviene del griego: amaxa (carro) y phobos (miedo). En los manuales de diagnóstico se clasifica dentro de las fobias específicas de tipo situacional. Según la CIE-11 de la OMS corresponde al código 6B03 y en el DSM-5-TR de la APA al código 300.29. No todas las personas que sienten miedo al volante tienen una fobia clínica, pero cuando ese miedo les impide manejar con normalidad y afecta su vida diaria, vale la pena buscar ayuda.
¿Cuántas personas sufren amaxofobia?
El estudio más citado sobre el tema, realizado por la Fundación CEA en 2018, encontró que el 28% de los conductores experimenta algún grado de ansiedad al volante. Los casos severos se estiman entre el 2% y el 5% de los conductores. El 55% de los afectados son mujeres y el 45% hombres. Un estudio francés con 5.000 participantes publicado en 2023 encontró que el 32,4% reporta ansiedad moderada a severa al conducir.
¿Cuáles son los síntomas de la amaxofobia?
Los síntomas físicos más frecuentes son taquicardia, sudoración excesiva, temblores, náuseas, mareos, tensión muscular (especialmente en manos, cuello y hombros), dificultad para respirar y sensación de opresión en el pecho. Los síntomas psicológicos incluyen pensamientos catastróficos (imaginar accidentes), hipervigilancia, anticipación negativa (ansiedad días antes de una situación de manejo) y conductas de evitación (buscar excusas para no manejar). Un estudio de 1994 encontró que el 81% de las personas con fobia a conducir reportó ataques de pánico al volante.
¿Tiene cura la amaxofobia?
Sí. La tasa de éxito del tratamiento ronda el 80% según los estudios disponibles. La Terapia Cognitivo-Conductual (TCC) combinada con exposición gradual es el abordaje con más evidencia. Un meta-análisis de 33 ensayos controlados publicado en Clinical Psychology Review encontró que los tratamientos basados en exposición producen resultados muy positivos. El EMDR es otra opción, especialmente cuando el miedo tiene origen en un trauma.
¿Cuánto tiempo lleva superar el miedo a manejar?
Depende de cada persona y de la causa del miedo. Un principiante con nervios normales puede sentir confianza en 5 a 10 clases. Una persona que dejó de manejar por años puede necesitar entre 10 y 20 sesiones de práctica gradual. Alguien que viene de un trauma severo puede requerir un proceso más largo, combinando psicoterapia con práctica en auto de doble mando. No existe un número fijo: el avance lo marca cada persona según su ritmo.
¿Cómo ayuda una academia de conducir con la amaxofobia?
La academia ofrece lo que un consultorio no puede: la experiencia real de manejar un auto en la calle, en un contexto controlado y seguro. Los vehículos de doble mando permiten que el instructor intervenga con freno y embrague en cualquier momento, lo que elimina el riesgo real. El trabajo se hace con exposición progresiva: empezando por calles tranquilas y sumando complejidad a medida que el alumno gana confianza. Cuando la amaxofobia tiene componentes clínicos, la recomendación es combinar el trabajo práctico en la academia con acompañamiento de un psicólogo.
¿Es más común en mujeres que en hombres?
Según el estudio de la Fundación CEA, el 55% de las personas afectadas son mujeres y el 45% hombres. Esto coincide con los datos del estudio de Ehlers et al. de 1994, donde el 82% de la muestra clínica eran mujeres. La diferencia no se explica por menor habilidad al volante sino por factores como mayor tendencia a reportar ansiedad, presión social diferenciada y condicionamiento cultural alrededor del manejo.
¿Qué hago si me da un ataque de pánico manejando?
Lo primero es encender las balizas y buscar un lugar seguro para detenerte: una banquina, un estacionamiento, una calle lateral. Una vez detenido, apagá el motor y bajá los vidrios. Respirá lento: inhalá contando hasta 4, sostené contando hasta 4, exhalá contando hasta 6. Recordá que un ataque de pánico es intenso pero temporal, dura entre 5 y 20 minutos y no pone en riesgo tu vida. No intentes retomar el manejo hasta que te sientas estable. Si estos episodios se repiten, consultá con un profesional de salud mental.
¿Puedo superar la amaxofobia sin medicación?
En la mayoría de los casos, sí. La Terapia Cognitivo-Conductual con exposición gradual es efectiva sin necesidad de fármacos. La medicación puede ser útil como apoyo en los casos más severos, para bajar la intensidad de los síntomas mientras se trabaja con terapia y práctica. La decisión la toma siempre un profesional de salud en conjunto con el paciente.
¿Cuántas clases necesito en la academia?
No hay un número estándar porque depende de la intensidad del miedo, la causa, la experiencia previa de manejo y el ritmo de cada persona. Como referencia: un principiante sin fobia clínica suele necesitar entre 15 y 25 clases para presentarse al examen. Una persona con amaxofobia moderada puede necesitar entre 10 y 20 clases solo para recuperar la confianza. En la primera entrevista evaluamos tu situación y te damos una estimación más precisa. Llamanos al 2613 9040 o escribinos por WhatsApp al 098 394 494.
Si tu pregunta no está en la lista, escribinos por WhatsApp al 098 394 494 o llamanos al 2613 9040. No hace falta tener todo resuelto para dar el primer paso. Muchos de nuestros alumnos empezaron con una simple conversación.
Sobre Academia del Molino
Llevamos más de 30 años formando conductores en Montevideo. Tenemos tres sedes: Rivera 4824 (Pocitos), 18 de Julio 2257 (Centro) y Tomás Gómez 3606 (Cerrito de la Victoria). Todos nuestros vehículos cuentan con doble mando. Nuestros instructores son profesionales habilitados que trabajan con todo tipo de alumnos, desde principiantes completos hasta personas con amaxofobia que necesitan recuperar la confianza al volante.
Si querés agendar una entrevista, llamanos al 2613 9040 o escribinos por WhatsApp al 098 394 494. La primera conversación es sin compromiso.
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Fuentes y referencias
Este artículo fue elaborado con información de las siguientes fuentes:
- Asociación Americana de Psiquiatría. DSM-5-TR (2022). Fobia Específica, Tipo Situacional, código 300.29.
- Organización Mundial de la Salud. CIE-11. Código 6B03, Fobia Específica.
- Organización Mundial de la Salud. Trastornos de ansiedad (hoja informativa).
- Fundación CEA (2018). Estudio sobre Ansiedad en la Conducción: Amaxofobia en los Conductores.
- Ehlers, A., Hofmann, S.G., Herda, C.A. y Roth, W.T. (1994). Clinical characteristics of driving phobia. Journal of Anxiety Disorders, 8(4), 323-339.
- Wolitzky-Taylor, K.B. et al. (2008). Psychological approaches in the treatment of specific phobias: A meta-analysis. Clinical Psychology Review, 28(6), 1021-1037.
- Fischer, M. et al. (2021). Cognitive behavior therapy for driving fear: A pilot randomized controlled trial. Transportation Research Part F.
- Kaussner, Y. et al. (2020). Treating patients with driving phobia by virtual reality exposure therapy. PLOS ONE.
- Fischer, M. et al. (2023). Measuring Driving Fear: Development and Validation of the Instrument for Fear of Driving (IFD). European Journal of Psychological Assessment, 39(1).
- UNASEV (2024). Quinto Informe de Gestión y Estadística de Seguridad Vial. Gobierno de Uruguay.
- UNASEV (2025). Guía de Orientación y Recursos para las personas afectadas por siniestros de tránsito (PDF). Coord. Daniel Ventura.
- Kuch, K. y Cox, B.J. (1992). Symptoms of PTSD in 124 survivors of high water trauma. American Journal of Psychiatry, 149(3), 337-340.
- Taylor, J.E., Deane, F.P. y Podd, J.V. (2002). Driving-related fear: A review. Clinical Psychology Review, 22(5), 631-645.
